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Quiero, mi único delito Quiero un delito que me persigue un delito que fue la razón de lo ocurrido: Aún cuentan los ancianos sobre las historia de mi sueño algo que perdura con el paso del tiempo. Un día oscuro y claro un día como otro invierno frío sola en aquel barrio oscuro y solo cada alma en su cuerpo, cada cuerpo en su hogar solo coches de caballos que en las aceras aparecían aparcados sola en la noche oscura mi alma congelada por el diablo frío por el diablo congelado que con sus poderes amenaza al invierno diablo poderoso y sin piedad que quita hogares y a personas eso más le da. Allí luchando contra aquel diablo endemoniado por la pena siempre solo, observando alas familias con el ángel del hogar observando como no lo desean solo cuando el sol aprieta. Esa noche estaba solo en sus pensamientos con sus sueños rotos y desbaridos como aquellos que en un tiempo fueron mis dueños. Mi hogar aun apenas lo recuerdo parece curioso como se puede añorar cuatro paredes donde se vivía donde el cuerpo de un alma se mantenía un hogar con familia, con el ángel siempre en vida. Quiero y ese fue mi sufrimiento el comienzo de esta noche que inconscientemente paseo con el diablo frió. Mil Noveciento. ni siquiera se la fecha exacta tengo solo un recuerdo el desastre de mi vida. Él, señor maldito que te llevaste mis sueños contigo señor maldito que tu maldición me persigue señor que fuiste ,señor de mi alma mi dueño en semejanza, deseo perderte en el olvido deseo perder tu poderío perderte completamente de mi cuerpo y no recordarte en cada segundo que respiro. Te fuiste, ¡cobarde! te grito Te marchaste y tu maldición va conmigo No puedo odiarte aunque fueras es causante de mis sueños que ahora solo son recuerdos del pasado que un día fue feliz. Me acurruco ante el diablo frío y solo Me agacho ante mi pasado y me rindo ante mi futuro. Él señor se ha marchado mi cobarde señor y ahora solo me queda rendirme ante el diablo helado que aprieta con fuerza acompañado de un secuas que congela cuerpos y almas al morir su hogar exterior. Arrinconada aun sigo hablando con mi señor mi señor poderoso él cobarde maldito. Tenía nombre y apellidos hogar y familia tenía vida,sueños sentimientos y esperanzas recuerdos y deseos tenía alma y un cuerpo bello pero sus dos luces para ver almas fueron quienes le maleficiaron me enamoré de él un cobarde al que mataron y no lucho por su vivir tenía familia y un hogar donde habitar pero cobarde le maldigo por no luchar. Yo era su demonio que con su corazón se quedó que con su vida convivió y que a dos vidas más le unió dos almas pequeñas provocadas por la maldición del amor hijos es así como se les llama inocentes ángeles que murieron en mi presente. Dos diablos con grandes poderes de armas que utilizaban sin piedad , a mi señor maldicieron al utilizarlo contra su cuerpo entraron en el corazón ¡mentiroso! juraste en matrimonio que nada ni nadie entraría en él solo yo dentro estaba y por siempre me juraste que iba ser pero aquel fuego que desprendió el arma del mal entró en él dejándole sin alma sin hijos y sin mujer perdiendo la vida sin luchar por no hacerla marchar sé mi señor, que culpa no fue suya sino de aquel diablo con arma que en hogares entraba sabiendo que en ellas ángeles habitaban como nuestros pequeños angelitos pero a mis angelitos me quitaron me mataron en mi presente con aquella arma del diablo marchándose creyéndome sin alma al caer mi cuerpo derrumbado destrozado por lo ocurrido viva desperté y muerta preferiría estar marchándome de mi hogar por las calles refugiandome de aquella desgracia de aquella tormenta ala que nombre tienen por dado guerra dejando aun hogar, dejando a mi señor y a mis ángeles sin vida ninguna 9 años han pasado y vagando por barrios he estado con mis recuerdos borrados por la pena del dolor queriendo no ser libres queriendo yo no liberarlos. Me rindo aquí y ahora ante ti diablo frío y solitarios acompañado hoy por uno de tus aliados acompañado para acabar con almas que de sus cuerpos van escapando aquí en este barrio con mis ojos caídos observando aquel hogar de recuerdos perdiendo la batalla que mi señor no pudo luchar cobarde me nombró pues me rindo quiero morir aquí junto al frío junto a la nieve blanca desvanezco junto a mis ángeles y a mi señor que quererlo tanto fue mi delito, que ahora e de pagar con mi alma y mis recuerdos, mis ojos cerrados, mi mente muriendo con el recuerdo de ellos. Poema de amor Poeta: Almudena SL Poemas leidos 94 veces Poemas de Amor |
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